La más bella historia que jamás he podido vivir y os la voy a contar.

Siempre fui muy devota de Santa Rita de Cascia (abogada  de lo imposible o de las causas pérdidas).

Hace tres años fui a ese viaje que tanto soñé, para estar con ella,  que está en Italia. Mi hija Celsa, mi primogénita, quiso hacer realidad mi sueños.

De aquel viaje sólo os voy a decir que, antes de salir de ese precioso y mágico templo, sentí la necesidad de pedirle mi último deseo a la Santa. Le dije que volvería a ese sagrado lugar algún día, pero que ella tenía que hacer realidad mis sueños, que no era otro que volver con la persona de mi vida.

¿Quién sería la persona que me acompañaría a ese bendito lugar, a 2.300 kilómetros lejos de mi casa?.

¡¡¡Madre mía¡¡¡, que sensación más fuerte la que sentí dentro de mi.

Empezaron a tocar las campanas de la iglesia, y empecé a sonreír, sabía que algún día volvería a estar allí.

Han transcurrido varios años desde entonces y, una mañana de este mes de marzo, sentada en el sofá de casa, de pronto sonó el teléfono, “¡si, si, aquí estamos los dos desayunando en casa… vente!”. Eso fue lo que dije…. era mi Paola, que tenía ganas de venir a verme. Cuando llegó nos pusimos a hablar y, de pronto, sin pensarlo, él dijo: “Cariño, ¿nos vamos a Roma?, me gustaría ir contigo a Cascia”.

Esto ocurrió el lunes 4 de marzo y, el sábado día 9 del mismo mes, embarcamos en un avión rumbo a la capital de Italia ¡ROMA!.

Nuestro primer viaje juntos. Los dos sentados en el avión, con una sonrisa de ilusión y nervios, nos apretamos las manos y, en ese instante, despegó el avión. Que sensación más bonita…… Él con una sonrisa en su cara todo el tiempo, y mirando por la ventanilla del avión con ansias por ver tierra italiana.

Llegamos de noche. Él en todo momento mirándome, y me besaba cada tres minutos, jajajajajaja…. (me río porque soy feliz mirando su cara).

¡Que maravilla, ya estábamos en ROMA!.

Le preguntaba a él: “¿qué piensas?, ¿qué sensación tienes en este instante?, él me contestaba: “estoy deseando que llegue mañana para ir contigo a Cascia”. Nos levantamos temprano y nos fuimos a alquilar un coche para ir por libre. Íbamos como dos jóvenes, saltando de alegría por la calle para buscar el coche.
Ya montados en el coche, pusimos rumbo a Cascia.

Antes de llegar a nuestro destino, nos paramos a comer en una antigua ciudad de Italia central, en la provincia de Perugia (región de Umbría) llamada Spoleto, era como si estuviéramos en un cuento o, al menos, así es como la vimos nosotros. Os recomiendo que la visitéis, tenéis que ir a conocerla, de paso os coméis un helado de pistacho, y para saborearlo os sentáis en la Piazza del Mercato, escuchando caer el agua de su preciosa fuente.

 

Bueno, seguimos rumbo a Cascia, sólo queda una hora para llegar al lugar  soñado por los dos. Ya eran como las tres y media de la tarde. En ese instante él me dice: “Añil, tengo miedo que lleguemos y, al ser Domingo y la hora que es, la iglesia cerrada”, pero no fue así.

Llegamos a Cascia, subimos por sus escalinatas para llegar a la iglesia, que está arriba del pueblo, y nuestra sorpresa fue escuchar  a gente cantando dentro del templo y sus campañas tocando. Mis ojos estaban llenos de lágrimas por estar frente a esa puerta, llena de ilusión y amor.

Cogidos de la mano, cruzamos el umbral  de la Basílica.

Con muchas ansias por verla y, sobre todo, de presentarle a él. Nos acercamos donde estaba Santa Rita, Ella incorrupta en su urna de cristal y, frente a mi Santa, se me caían las lágrimas, llenas de sentimientos cruzados de felicidad y amor, ¡¡madre mía que emoción más bonita¡¡.

 

 

El párroco oficiando misa y, como si estuviéramos flotando en el aire, se escuchaba una voz masculina interpretando una canción, distinta a todas las que se pueden escuchar en un templo, era un ángel del cielo.

Sólo hacíamos mirarnos y nuestros ojos lo decían todo…, mucho amor en ese momento.

Después de un largo rato, nos levantamos y nos acercamos a un sacerdote para que nos diera la bendición. Que belleza de lugar, parecía que los ángeles del cielo estaban allí con nosotros, el tiempo se paró en ese instante, y me volví para decirle a Ella: ¡¡¡Gracias, mil gracias¡¡¡.

Le tire un beso enorme, y en ese momento pensé que se habían cumplido mis deseos.

Salí de la Basílica de la mano de él y, bajando las escaleras para ir a buscar el coche, de pronto, sin saber cómo ni por qué, en un arriate, vimos que entre las ramas de un podado rosal había la figura de una Virgen… En ese momento sentí como Santa Rita me mandó una señal.

 


¡¡¡Se que volveremos algún día¡¡¡.

 

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